La Representación del espacio. Práctica crítica del dibujo de representación.

El dibujo tradicional de representación, en la medida en que se orienta a la trascripción  visual de la realidad siguiendo patrones establecidos –podríamos decir, llanamente, de “fidelidad fotográfica”- , resulta hoy una práctica de dudosa eficacia para iniciar al aprendiz en las tareas creativas. En efecto, la cultura contemporánea entiende el proceso creativo como una actividad exploratoria y abierta y rechaza, por tanto, el entrenamiento en el dibujo academicista de representación que persigue una imagen final estándar. Por otra parte, la práctica creativa no consiste en representar lo que ya existe sino en inventar cosas que no existen todavía –aunque se trate de maneras de ver la realidad-, por lo que resulta imprescindible insistir en este aspecto renovador de la práctica artística.

Sin embargo, el dibujo de representación, entendido de manera crítica y abierta, sí puede ser una práctica conveniente, si no necesaria, para la iniciación del aprendiz en la creación arquitectónica.

Entender el dibujo de representación de manera crítica implica, ante todo, darse cuenta de la relatividad de toda manera de mirar el mundo y de toda imagen que pueda construirse sobre el mundo que nos rodea. Implica también entender la imagen no sólo como una presencia sino como el resultado de un procedimiento. Entender el dibujo de representación de esta manera supone entonces un ejercicio de iniciación en la creación: el aprendiz, además de aprender una habilidad necesaria para su oficio,  descubre que el mundo es producido, que existe una trastienda, la de los procesos creativos, y que ese es el lugar donde tiene que aprender a permanecer como creador.

Pero además de entender la relación entre la imagen y su proceso de realización, la práctica del dibujo de representación puede servir también para entender el hecho de dibujar como la creación de lugares virtuales, aspecto esencial de la práctica arquitectónica.

Proyectar arquitectura

Conviene recordar aquí que proyectar arquitectura es concretar figuras tridimensionales habitables, figuras envolventes. Para concretar esas figuras y comprobar su habitabilidad –su capacidad de acoger convenientemente a los futuros usuarios- el arquitecto se instala imaginariamente en el interior de los espacios que está generando, simulando que los habita. Esa instalación imaginaria la consigue paulatinamente, mediante diversos procedimientos, especialmente dibujando y realizando modelos tridimensionales.

Habitar el dibujo. La inmersión y la emersión imaginarias.

Un aspecto fundamental de la formación del arquitecto debe ser, por tanto, aprender a dibujar para generar lugares virtuales. La generación de esos lugares requiere de dos movimientos productivos complementarios: la inmersión y la emersión imaginarias, a las que corresponden maneras diferentes de dibujar. A la primera corresponde el dibujo desdibujamiento y a la segunda el de concreción.

Debajo. Miguel Ángel. Dibujos de inmersión (desdibujamiento)  y emersión (concreción)  para la Resurrección de Cristo

Tantear

También conviene decir, una vez más, que el proceso creativo se basa en el tanteo, en probar configuraciones diversas. Al tantear se hacen  y deshacen las figuras. La figura debe permanecer, por tanto, abierta mientras se prueba.

Al empezar a crear surge habitualmente lo ya sabido, el tópico. La acción creativa pasa por deshacer el tópico, por deshacer esas primeras figuras que inevitablemente aparecen. El desdibujamiento de las figuras conlleva un estado de inmersión oceánica -una especie de estado de ensoñación o duermevela- en un espacio de prefiguración y ambigüedad, mientras que la posterior concreción de las figuras conlleva un estado de objetividad y racionalidad. A lo largo del proceso recurrente de hacer y deshacer, la figura arquitectónica va emergiendo poco a poco como un artefacto viable en el mundo empírico, hasta que resulta técnicamente definida, como algo que puede ser construido.

Desde la figura hacia el fondo, desde el fondo hacia la figura.

Aprender a dibujar creativamente es aprender a tantear, a deshacer figuras y a rehacerlas. El proceso de dibujo se establece entonces como una relación dinámica entre figura y fondo. Las figuras se deshacen para constituir mediante sus fragmentos una especie de fondo generativo a partir del cual es posible restituir nuevas figuras.

Debajo: Giacometti. Objetos sobre un aparador, dibujo y óleo.

Los objetos son dibujados y desdibujados hasta que figura y fondo aparecen como entidades reversibles. Se consigue así un estado intermedio entre la inmersión (desdibujamiento) y la emersión (concreción), entre la figura y el fondo.

 

LA REPRESENTACIÓN DEL ESPACIO DEL AULA

La representación del espacio del aula se plantea, por tanto,  como un entrenamiento en la creación de lugares virtuales. Se trata de una ejercitación orientada, por tanto, a la práctica del proyecto de arquitectura. En efecto, al dibujar el espacio del aula creamos en el papel un lugar virtual, que se habita imaginariamente, similar al que produce el arquitecto mientras proyecta.

Condiciones para la creación de ese lugar virtual.

Ante todo, al tratarse de un ejercicio de representación debe establecerse algún tipo de relación entre el lugar real y el lugar virtual. El lugar virtual debe ser para nosotros análogo al lugar real. Sumergirse en el lugar virtual debe ser, desde el punto de vista de la imaginación,  como sumergirse en el lugar real.

El lugar real que represento está ahí, frente a mí, es parte de mi mundo empírico, está en continuidad con mi cuerpo y podría desplazarme hasta él y recorrerlo. En todo caso puedo proyectarme visualmente en él y recorrerlo imaginariamente con la mirada. En ese sentido podría decirse que el lugar real funciona también como un lugar virtual.

El lugar virtual que debo construir dibujando debe reunir unas características similares. Debe estar en continuidad con mi cuerpo y debo poder acceder a él aunque sólo imaginariamente.

La construcción del lugar virtual

Sin embargo el lugar virtual, no está inicialmente ahí, en el papel, sino que debe ser construido. Al principio sólo está la superficie del papel como un campo de juego disponible sobre el que puedo desplazarme con el instrumento grafico, dejando huellas. Dibujar sobre papel negro facilita la labor cuando represento un espacio en penumbra: el papel negro es como el espacio envolvente del aula.

El problema siempre es cómo empezar. Seguramente se puede empezar de cualquier manera, pero la siempre infinita complejidad del modelo requiere de una fuerte simplificación de los datos que se consideran y, en última instancia, de un procedimiento.

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DIBUJAR COMO GIACOMETTI.

Aprender a dibujar de manera genérica resulta seguramente imposible. Por eso, hasta que el aprendiz desarrolle un modo propio, parece conveniente recurrir a referencias culturales adecuadas que sirvan como ejemplo.

La manera de dibujar de Giacometti, en la medida en que se muestra como un procedimiento reconocible y accesible que se fundamenta, además, en el tanteo, constituye una referencia importante para aprender a dibujar.

En efecto, la actitud de Giacometti es la de una continua exploración del proceso configurador que nunca se da por resuelto, mostrando una actitud de apertura y auto aprendizaje que puede resultar ejemplar.

Algunas características del procedimiento de Giacometti

Ante todo hay que destacar que Giacometti, aunque tiene un estilo propio claramente reconocible, no dibuja siempre de la misma manera sino que adecúa su proceso al asunto al que se enfrenta, e incluso a veces dibuja los mismos asuntos de maneras diversas. Sin embargo, si pueden reconocerse en su estilo ciertos procedimientos que repite con frecuencia.

  • Conectarse empáticamente con la realidad

Giacometti establece una fuerte relación empática con el modelo. Resulta muy difícil dibujar si lo que dibujamos nos es indiferente. Dibujar implica una relación libidinosa –deseosa- con la realidad y una actitud erótica, un anhelo de forma, de configuración. Esa actitud energética es la que lleva a nuestro autor a dibujar incansablemente y a volver una y otra vez sobre los mismos asuntos.

  • Comenzar por un punto significativo

Giacometti relata que al empezar sus retratos siempre comienza dibujando los ojos del modelo. Atiende a esos puntos altamente significativos y establece a partir de ellos una especie de puente emocional con la persona. Desde ahí extienden su grafismo a través de madejas de líneas, explorando el interior de las superficies.

  • Dibujar palpando y desde dentro.

Giacometti no comienza perfilando, sino dibujando el interior del rostro mediante madejas de trazos cuya envolvente determinará el límite de la figura, el óvalo de la cara. Concreta por tanto la figura final de manera similar a como un ciego reconstruye mentalmente aquello que toca. Su dibujo es táctil y superficial.

  • Concreción de sistemas de puntos y establecimiento de relaciones entre ellos

En muchos de sus apuntes de ambientes –como el rincón de su estudio que aparece debajo- resulta patente otro aspecto de su procedimiento. Selecciona una serie de puntos significativos y desde ellos traza líneas auxiliares que establecen relaciones con otros puntos del espacio.

Debajo: Giacometti, apunte de su estudio. Se constata la elección de ciertos puntos significativos y el trazado líneas auxiliares entre dichos puntos para establecer relaciones –espacio- entre los objetos.

Debajo: el mismo procedimiento al dibujar un ramo de flores.

 

 

  • Transparencia o simultaneidad figura/fondo.

Giacometti dibuja habitualmente en transparencia, planteando la figura y el fondo de manera simultánea para tener a la vista sus relaciones.

  • La imagen como procedimiento

De esta manera, los dibujos de Giacometti son, ante todo, un procedimiento, una manera de establecer relaciones entre diferentes datos, una manera de crear espacio. Finalmente, la figura definitiva emerge como la concreción todavía dubitativa de una prefiguración anterior. Y en muchos casos reniega de las figuras así concretadas y utiliza la goma o el pincel para deshacer una vez más las figuras y volver a dejarlas en un estado de prefiguración, tal como puede apreciarse en las imágenes siguientes.

 

DIVERSAS MANERAS DE ACOMETER LA REPRESENTACIÓN DEL ESPACIO DEL AULA

Dibujar madejas de líneas transparentes y concretar recorridos desde puntos significativos.

La tendencia gráfica habitual consiste en intentar atrapar de manera mágica el espacio del aula, obviando las relaciones entre los diferentes elementos (en este caso la corrección de la imagen se debe a que se ha calcado sobre la fotografía, es decir siguiendo un procedimiento casi mágico…)

Se tiende a dibujar como se usa el lenguaje verbal, pero de una manera mucho más pobre: usando palabras que se pegan, sin usar la construcción gramatical. Así, se aísla la cosa silla(se la nombra)y a esa palabra “silla” le corresponde el icono “silla”, a la palabra “mesa” le corresponde el icono “mesa”, etc. Los diferentes elementos se pegan sobre el espacio del papel sin sintaxis, por mera contigüidad, esperando que la suma de ellos de cómo resultado una imagen correcta.

Para evitar esta tendencia se propone, siguiendo algunos de los recursos de Giacometti, dibujar siguiendo un proceso de acercamiento global a la imagen mediante madejas de líneas y utilizar como mecanismo de control la elaboración de partir de recorridos parciales sobre las siluetas de los diversos elementos trazados a partir de algún punto significativo, en este caso, la esquina de la mesa.

 

SELECCIÓN DE TRABAJOS DE LOS APRENDICES.

 

   

 

 

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