EL RELATO

Las Habilidades de comunicación en general se consideran  la competencia más importante a desarrollar para facilitar el ingreso en el mundo laboral (Fallows y Steven, 2000). Aunque estos estudios se hicieron principalmente para el mundo sajón y Australia, nuestro EEES (espacio europeo de enseñanza superior) también lo considera una competencia primordial.

De poco sirve “hacer“ o “saber hacer”, si estas acciones no son percibidas por nadie, si nadie las conoce ni las puede aprovechar y esto suele ocurrir cuando no se han comunicado adecuadamente.

Cuando en el ámbito académico se os pide un relato, se os está facilitando un lugar y un tiempo para aprender a comunicaros. No lo toméis como un ejercicio más, es el gran ejercicio, el más importante para vuestra proyección profesional.

Aprender a escribir, como todo aprendizaje, requiere voluntad, esfuerzo, muchos intentos y actitud crítica sobre lo que se hace.

Ya os hemos hecho algún comentario crítico en el aula sobre vuestros primeros relatos. Ahora se os pide un nuevo intento, otra oportunidad para aprender más.

 

Algunas consideraciones que pueden ser útiles:

El fin de un relato no es contar lo que tú sientes (eso sería un diario), el sujeto sensible del relato es el lector. Lo que el lector siente al leerlo es lo que estructura el relato.

La secuencia  de sensaciones que el texto provoca al ser leído, debe terminar construyendo una emoción en el lector que le abra un lugar propio para la reflexión. Este es el fin último de un relato.

Las sensaciones son abstractas, son estímulos sensitivos sin más. Cada palabra incluso su ausencia puede trasmitir sensaciones. El cerebro, para poderlas comprender, las procesa, las empaqueta, las etiqueta y las archiva como emociones (Maturana y Varela 1974).

Las emociones son algo de lo que sí se puede hablar, las podemos compartir con otros: tristeza, placer, asco, melancolía, belleza, rabia, sorpresa… hay cierta variedad de ellas. Aunque según los autores y las épocas unas son más productivas que otras, todas las emociones son válidas para un relato.

Puedes relatar una emoción como por ejemplo el miedo nombrándola directamente, tengo miedo o construirla poco a poco a través de sensaciones como: se me seca la boca, me sudan las manos, se me acelera el pulso, grité cuando sentí un roce, etc. De esta manera el lector termina comprendiendo el miedo de forma implícita, es más real.

Probad con distintas emociones, hasta ahora, casi todo lo propuesto se centra en: miedo, terror, pánico, desagrado, rechazo. Estas sensaciones son muy simples teniendo en cuenta que el modelo es “cárcel”. Pero ¿y si no fuese así?, ¿y si trascendemos lo evidente, lo simple?, ¿qué podríamos encontrar?…

Leed lo que escribís como lectores no como autores. Pensad lo que el lector sentirá con esas palabras, dádselas a leer a otros a ver cómo funcionan y después, como autores, sed críticos. Hay que reescribir, tachar, intercalar y reordenar todo lo necesario para que el efecto buscado mejore.

Es útil dejar pasar algo de tiempo entre cada corrección.  Se critica mejor un texto al día siguiente de haberlo escrito que en el momento de hacerlo. Tomarse un rato cada día en días sucesivos puede dar mejores resultados que hacerlo todo de una vez.

Confiad en vuestra habilidad e ingenio para construir un buen relato. Tenéis mucha experiencia como lectores, ahora sois el autor.

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