El cubismo desde el punto de vista del espectador

Aunque las obras cubistas son extremadamente variadas, todas ellas presentan ciertas características comunes que permiten reconocerlas como <<cubistas>>. Cualquiera que contemple estas obras con atención puede reconocer al menos dos periodos: el cubismo naciente y el cubismo final.

En el cubismo naciente las obras presentan un aspecto más caótico. En ese periodo, los inventores del cubismo “van de ida”; están explorando una nueva manera de producir figuras: se rompe la unidad de la figura tradicional y se busca un nuevo tipo de unidad, una nueva relación entre las partes y el todo.

El cubismo final es el periodo de las soluciones ya alcanzadas. Aparece una nueva unidad y frente a las figuras plagadas de conflictos del cubismo naciente, en el último periodo las figuras han conquistado una cierta continuidad, una cierta unidad.

Una prueba palpable de esta diferencia es que mientras que en cubismo naciente el elevado grado de conflicto de las formas pictóricas no permite producir esculturas, en el cubismo final la simplificación de estas formas y la buena relación sintáctica entre las partes permite ya que las figuras se puedan construir en tres dimensiones, pudiendo insertarse en el mundo empírico.

En resumen:

  • En el cubismo inicial se rompe la vieja figuración y se exploran nuevas posibilidades de producir figuras. Es un periodo de inmersión en el caos, de disolución formal, de desdibujamiento  y redibujamiento.
  • En el cubismo final ya se ha descubierto una nueva manera. Es un periodo de emersión del caos al orden, con un nuevo orden conquistado. El nuevo orden puede ser incluso materializado y construido en forma de figuras tridimensionales –esculturas- cosa que nunca podría hacerse con el orden excesivamente conflictivo del cubismo inicial.

El cubismo desde el punto de vista del creador

Podemos considerar el Cubismo como una especie de juego productivo, una manera de producir figuras que obedece a una serie de reglas. Ni Picasso ni Braque explicitaron las reglas con las que  operaban, pues las iban inventando al tiempo que elaboraba las figuras. En eso consiste la creación: en una práctica que inventa sus reglas sobre la marcha.

 

Argan explicita las siguientes características o reglas del cubismo:

  1. La no-distinción entre la imagen y el fondo, la abolición de la sucesión de los planos en una profundidad ilusoria.
  2. La descomposición de los objetos y del espacio según un único criterio estructural; la concepción de la estructura no como armazón o telar fijo, sino como proceso de agregación formal.
  3. La yuxtaposición y superposición de varias visiones desde puntos diversos con la intención de presentar los objetos no sólo como aparecen sino como son, es decir, no sólo en el aspecto que tienen desde un cierto punto de vista sino en la relación entre su estructura y la del espacio.
  4. Al dar simultáneamente en el espacio imágenes que se suceden en el tiempo, se realiza una absoluta unidad espacio-temporal (cuarta dimensión), de tal manera que el mismo objeto puede aparecer en distintos puntos del espacio y éste puede desarrol1arse no sólo alrededor del objeto sino incluso dentro y a través de él.
  5. Identificación de la luz con los planos cromáticos resultantes de la descomposición e integración de los objetos y del espacio.
  6. Búsqueda de nuevos medios técnicos para realizar en el plano plástico este espacio – objeto que ya no está formado por gradaciones de cantidad sino por cambios de calidad.

 

Al ser la espacialidad del cuadro (o de la escultura) absolutamente no-natural pero absolutamente real, el procedimiento cubista, que excluye todo efecto ilusorio, es de cariz netamente realista, no porque imita los rasgos de lo real («no se imita lo que se quiere crear», dirá Braque), sino porque da lugar a un objeto totalmente particular, que no se puede referir a ningún otro y que está dotado de una estructura y un funcionamiento propios.

 

Los objetos tomados como «motivos» por Picasso y Braque tienen una forma conocida (platos, vasos, frutas, instrumentos musicales y, más tarde, cartas de juego, letras del alfabeto y números). Se trabaja con un material mental adquirido que no requiere comprobaciones a través de una visión directa y particularmente sensible, ya que el mecanismo del cuadro debe insertarse y funcionar en el contexto de la experiencia habitual. O mejor aún, su acción es tanto más eficaz cuanto menos reconocibles sean los objetos del cuadro y mayor sea el escándalo que provoque en el espectador desprevenido, a quien se le quiere enseñar a considerar la forma como parte integrante de la realidad del objeto, tan fundamental para su conocimiento como para su empleo.

El color, que ya no es un medio de representación sino que posee una realidad objetual como sustancia del cuadro, se da en su calidad de materia y se deposita sobre el cuadro de la misma manera que el enlucido de una pared, eliminando todo virtuosismo.

 

El espacio del cuadro, como espacio real, está en condiciones de acoger elementos tomados directamente de la realidad; precisamente, una de las innovaciones técnicas más sensacionales es la aplicación de recortes de papel, de tela y de otras materias (collage ). (369)

 

La concepción del cuadro como plano plástico elimina la distinción, incluso técnica, entre pintura  y escultura. El Cubismo tuvo amplio eco entre los escultores, e incluso Picasso y Braque realizaron esculturas. El espacio cubista se hará practicable y habitable en la arquitectura contribuyendo a formar el principio estructural del funcionalismo o racionalismo arquitectónico.