Enseñar a dibujar convencionalmente es enseñar a dibujar a todos de la misma manera buscando el parecido visual con el modelo y siguiendo ciertos patrones preestablecidos; es la opción de la antigua Academia.

Archivo de la facultad de BBAA de la UCM

Archivo de la Academia de BBAA de San Fernando

En la Academia – fundada primero en Italia y luego en la Francia de Luis XIV- se aprendía a dibujar siguiendo las pautas de los grandes maestros del Renacimiento pues se suponía que era una manera insuperable que había que preservar e imitar.

Hay que resaltar que durante muchos siglos, la producción artística ha estado estrechamente relacionada con la productividad de una sociedad, especialmente en la larga época de la producción artesanal. En efecto, las obras de arte ejemplificaban la más alta calidad, tanto por la manera de ser concebidas como por la manera de ser realizadas.

Archivo de la Academia de BBAA de San Fernando

Así, el objetivo de la Academia era formar artesanos especializados en diversas artes que fueran capaces de insertarse en la maquinaria productiva del país, garantizando cierto nivel de calidad homologada. La calidad se conseguía, precisamente, imitando ciertas obras consagradas; en este contexto cultural, crear tenía que ver con reproducir ciertas maneras de hacer. A través de un aprendizaje lento y laborioso, los aprendices iban interiorizando ciertos modelos y ciertos procesos productivos y, en consecuencia, iban ahormando su imaginación y alcanzando, de paso, cierto virtuosismo en el hacer. Los artesanos así formados, al insertarse en la sociedad, tendían a elaborar sus obras según aquellos patrones preestablecidos.

Los fuertes cambios en las maneras de producir introducidos por la Revolución industrial y los cambios culturales propiciados por el Romanticismo –que coloca como valor prioritario la originalidad- vuelven obsoletos los viejos procedimientos productivos y, de paso, los planteamientos pedagógicos que educaban a los creadores. Durante un corto periodo de tiempo de seis años se plantea en la Academia de Bellas Artes de París una nueva pedagogía que busca desarrollar la originalidad de los aprendices, pero el intento es rechazado por los propios alumnos que prefieren los viejos procedimientos; por otra parte, una pedagogía orientada a la originalidad plantea graves dificultades pues a nadie se le puede enseñar a ser original, a ser él mismo.


Picasso: Matriz del cubismo

Los movimientos de vanguardia de principios del XX reivindican con energía un arte alejado del naturalismo y basado en la inteligencia en vez de en el virtuosismo. Siguiendo esta línea, aparecen propuestas pedagógicas – como el Bauhaus – directamente conectadas con la producción industrial, que potencian el dibujo abstracto y la manipulación de los materiales como fundamentos de una nueva manera de crear.

Picasso: Espacio matriz para cabeza

En nuestros tiempos, el mito romántico de la originalidad todavía posee mucha fuerza entre algunos creadores pero está muy matizado por un entendimiento de la creación como una actividad social, relacional. Por otra parte, estamos asistiendo a la emergencia de una nueva conciencia educativa y productiva que intenta rescatar los valores implicados en la producción artesanal, especialmente en lo que se refiere al valor del trabajo manual – por la íntima relación existente entre la acción de manipular y el desarrollo mental – y a la ética del bien hacer.

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