CONTENIDOS DEL NUEVO “VÍDEO MATRIZ / PROPUESTA INCIPIENTE”

Recomendaciones para la entrega del viernes 15 de abril de 2011
Evaluación de la primera parte del cuatrimestre.

I. DESENTRAÑAMIENTO GRÁFICO DE LA OBRA

Se trata de hacer explícitas las características de la obra seleccionada, para poder mantener esas características -como argumento figural-  a lo largo del proceso que llevará a la concreción de las figuras arquitectónicas.

El presente epígrafe contendrá, al menos, los siguientes apartados:

1. Lenguaje gráfico de la obra de partida.

Se trata de hacer explícitas ciertas características lingüísticas propias de la obra seleccionada, tales como el gesto, el color, la relación figura/fondo, etc. Se trata de hacer patente el “carácter” o “ambiente de la obra”.

En este apartado deben introducirse los dibujos que se elaboraron en el aula -o fuera de ella- como “ambientes de gestos”. Además, se deberá producir material nuevo en formato pequeño (folio o similar).

2. Contextuación  de la obra seleccionada en la producción general del autor.

Una obra no es un fenómeno aislado sino que se entiende dentro del contexto productivo de un autor. Cada obra se  sitúa entre otras obras, dentro de una dinámica de resolución de ciertos asuntos.

3. Contextuación cultural del autor dentro de un movimiento artístico.

De la misma manera que cada obra singular de un autor  ocupa cierto lugar dentro de su producción, la obra total de cada autor se entiende en función del lugar que ocupa en relación con otros autores, dentro de una corriente o un movimiento artístico. Cada autor dialoga con otros a través de sus obras para encontrar así “su sitio”, el punto de vista genuino desde el que se producen las obras.

4. Elaboración de obras manipulando ciertas obras seleccionadas.

Parte fundamental de este primer epígrafe –y conclusión del mismo- es la elaboración de obras a partir de las seleccionadas, obras que caricaturicen o lleven al límite -y hacia la arquitectura- ciertos caracteres de las obras seleccionadas.

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II. DESENTRAÑAMIENTO ARQUITECTÓNICO DE LA OBRA.  TRÁNSITO DE LAS DOS A LAS TRES DIMENSIONES.

Aquí, la obra de pintura nos interesa en la medida en que puede desencadenar bien figuras arquitectónicas, bien evocaciones que lleven hacia la arquitectura, bien ambos asuntos.

Aprovechar una figura pictórica implica poder sumergirse en ella para habitarla. En efecto, tanto si se trata de un cuadro abstracto como si se trata de un cuadro figurativo, en ambos casos, necesito colocarme imaginariamente dentro de ellos, si quiero aprovecharlos para producir, a partir de ellos, arquitectura.

En el caso de los cuadros abstractos, la inmersión se concretará prioritariamente, en “lugares abstractos”  similares a esculturas abstractas, instalaciones artísticas, etc. Pero también es posible que esos cuadros sugieran lugares naturales más o menos exóticos, tales como desiertos, cañones, etc.

En el caso de cuadros figurativos, la inmersión en ellos da pie, sobre todo, a la explicitación de ciertos lugares naturales pero también pueden surgir evocaciones de lugares artificiales si atendemos al lenguaje pictórico (a los gestos, al color, etc.)

En definitiva, de un cuadro pueden extraerse tanto sugerencias para la concreción de un lugar natural (un territorio)  como para la concreción de un lugar artificial (una instalación o una obra de arquitectura).

El presente epígrafe contendrá los siguientes apartados:

1. Evocaciones para la concreción de un lugar natural.

Se trata de recopilar imágenes surgidas de las evocaciones de las obras seleccionadas que lleven hacia la concreción de un lugar natural. 

2. Evocaciones para la concreción de un lugar artificial.

Se trata de recopilar imágenes surgidas de las evocaciones de las obras seleccionadas que lleven a la concreción de un artefacto o lugar artificial.

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III. CONCRECIÓN DE UN LUGAR NATURAL Y DE UN LUGAR ARTIFICIAL

El proceso de desentrañamiento de las evocaciones contenidas en el cuadro se completa cuando, finalmente, es posible concretar un lugar artificial –una artefacto arquitectónico o, mejor, -al menos de momento- una instalación artística tridimensional.

El presente epígrafe contendrá los siguientes apartados:

1. Concreción de un “artefacto” o “lugar artificial”.

  • Concreción tridimensional, con secciones y plantas.

Se realizará obligatoriamente con un programa informático.
Se adjuntarán imágenes de artefactos elaborados a mano, si tales artefactos existen.

2. Concreción de un lugar natural o territorio.

Se puede recurrir a Google Earth para encontrar lugares naturales reales que se consideren apropiados.

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IV. MONTAJE DEL NUEVO VÍDEO.

El montaje del nuevo vídeo contendrá:

  1. los epígrafes anteriores, titulados, separados, con sus imágenes correspondientes, en una estructura simple y lineal.
  2. con todas esas imágenes, o sólo con las imágenes que se consideren más interesantes, se montará un vídeo con la estructura narrativa que se considere oportuna.

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POSTDATA

Una gran parte de los vídeos que se están elaborando resultan tremendamente muertos, aburridos y plomizos, síntoma de que están realizados para “salir del paso”.

Para que el trabajo sirva para algo, los vídeos deben mantener la vitalidad y el entusiasmo de las obras de partida, prueba de que se está conservando y aprovechando la conmoción que la obra seleccionada tiene que haber producido. A parte de hacer el trabajo “en serio”, es imprescindible trabajar con imágenes de calidad, que conserven el atractivo de las obras seleccionadas y montar los vídeos con algún criterio en vez de cómo un collage arbitrario y sin sentido.

APÉNDICE

DESENTRAÑAR LA OBRA DE ARTE.

El trabajo se pone en marcha a partir del desentrañamiento –interpretación- de una obra de arte -en general, un cuadro-, así que aquí nos referiremos, sobre todo, a ese tipo de obra.

El desentrañamiento de la obra de arte nos proporciona, al menos,  un primer impulso para acometer una propuesta.

La obra contiene una vitalidad que entusiasma, y es de ese entusiasmo del que queremos apropiarnos.

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Respecto del cuadro se pueden considerar dos aspectos fundamentales:

  • Su carácter lingüístico. Que, en el caso de la pintura, se traduce fundamentalmente en el tipo de gesto, en la manera como las figuras se distribuyen en el soporte, en el uso del color y en cómo se producen las figuras, especialmente en la relación figura/fondo.
  • Su carácter icónico. Que se concreta en la manera como la imagen alude a algún tipo de  referente del mundo empírico.

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Mientras que en las imágenes muy figurativas, ciertos aspectos del lenguaje gráfico parece que se esfuman -especialmente el gesto-  en beneficio de los aspectos visuales más convencionales, en las imágenes más expresivas, los elementos del lenguaje gráfico se radicalizan y adquieren un mayor protagonismo, en detrimento de los aspectos visuales convencionales. Pero, en definitiva, en la mayor parte de las imágenes pueden encontrarse ambos aspectos; sólo en las imágenes puramente abstractas el aspecto icónico desaparece. Si consideramos la relación Significante (la imagen pictórica) / Significado (aquello a lo que la imagen se refiere), mientras que en la pintura más convencionalmente visual, la relación sería, supuestamente, Significante=Significado, en la pintura abstracta sólo quedaría el Significante.

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DESENTRAÑAR LA OBRA HACIA LA ARQUITECTURA

Los cuadros –las obras de arte- nos interesan como muestras de comportamientos creativos ejemplares, comportamientos que nos gustaría imitar. Las obras abstractas nos hablan del mero disfrute de la práctica del lenguaje  gráfico, más allá de la necesidad de tener que aludir a algo.  Las obras figurativas nos hablan de las diversas posibilidades de referirse al mundo, de ver el mundo –a través de un uso creativo del lenguaje-, más allá de las convenciones. Como arquitectos –la arquitectura es el arte de producir figuras habitables- , las obras de artes nos interesan por la manera como producen figuras y por las emociones y evocaciones que se asocian a esas figuras (más allá del uso, la arquitectura sirve para ensoñar).

En efecto, para atender a sus necesidades creativas, el arquitecto tiene que  enriquecer su repertorio de maneras de producir figuras. Necesita alimentarse de las imágenes procedentes del interior de la cultura arquitectónica (historia, tipologías, etc.) pero también del exterior (así, por ejemplo, históricamente y hasta el Modulor de Le Corbusier, el cuerpo humano ha generado diversos cánones de proporciones para generar arquitectura). Con las vanguardias artísticas del siglo XX, las artes se hacen abstractas y se vuelven así compatibles con la arquitectura (que es un arte bastracto) pudiendo establecerse un fértil transvase: las diversas artes son laboratorios de producción de figuras, por eso nos acercamos a ellas,  para aprovechar, desde la arquitectura, su experiencia.

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Nuestro acercamiento a las diversas artes presenta diversas posibilidades.

Como receptores cualesquiera, experimentamos de manera genérica la libertad que cada obra entraña, y su peculiar manera de ver el mundo. Como arquitectos, nuestra visión es, además, especializada, capciosa y sesgada: nos interesa de qué manera aquello que contemplamos puede ayudarnos a generar arquitectura.

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LA GENERACIÓN DEL ESPACIO MATRIZ/PROPUESTA INCIPIENTE

Primero, nos conmovemos ante la obra; ante  energía y libertad que manifiesta; después, nos preguntamos de qué manera podemos transformar esa conmoción –aunque sea de manera incipiente- en arquitectura.

No se trata de elaborar ninguna propuesta acabada, ninguna arquitectura al uso, sino de poner en marcha una dinámica generativa por pasos, que vaya desde el grafismo plano a las tres dimensiones, desde la pintura a la escultura y desde esta hasta las instalaciones. Se trata, en definitiva, de comprobar que desde la obra seleccionada puede acontecer un despliegue hacia la arquitectura.

El enfrentamiento con la obra y las diversas operaciones que desarrollamos como consecuencia de este enfrentamiento, va abriendo un ámbito interpretativo/ productivo que denominamos “espacio matriz/propuesta incipiente” ya que el hecho de interpretar la obra se traduce en impulso para elaborar otra obra, una obra propia.

Por eso, la propuesta –aunque sea de manera muy leve-  debe aparecer  casi desde el principio: esta aparición demuestra que nuestro acercamiento a la obra es el adecuado.

Es aquí cuando resulta necesaria una etapa analítica, un estudio del lenguaje de la obra -de su manera de producir figuras- , y un estudio de su manera de ver el mundo. Todo ello sin perder  de vista esa energía peculiar de la obra, que nos conmueve, y que será el hilo conductor que dirigirá nuestro recorrido; de otra manera, el trabajo nace muerto, como ocurre con muchos de los trabajos que se están desarrollando en el curso.

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