Dibujar es, ante todo, una experiencia creativa: la conquista de cierta libertad de movimientos y el rastro que deja una mano desencadenada; en consecuencia, ninguna teorización previa resuelve o facilita el hecho de dibujar.

Sin embargo, la reducida duración de este curso de iniciación vuelve casi imposible que dentro de él acontezca la conquista de esa libertad de movimientos que permita crear de manera cabal. Nuestras aspiraciones pedagógicas sólo pueden pretender encaminar al aprendiz hacia un auto-aprendizaje que se producirá plenamente mucho después de la iniciación. Ahora sólo podemos señalar aquellas direcciones que, desde nuestro punto de vista, encaminarán el dibujar hacia una práctica creativa.

Nuestro curso se convierte, así, en un aprendizaje teórico-práctico, donde la teoría se limita a señalar ciertos territorios a explorar, ciertas situaciones inevitables que el aprendiz  deberá explorar con su práctica.

I. INTRODUCCIÓN

I.1. El desarrollo de la creatividad: proyectar e interpretar
I.2. Aprender a dibujar y a proyectar de manera simultánea
I.3. El acceso a la creación como secuencia de desplazamientos
I.4. El acceso a la creación como iniciación. La iniciación como rito de paso.
I.5. Consecuencias para la pedagogía

II. EL PROCESO CREATIVO

II.0. La necesidad de “modelos”.
II.1. Dos modelos. El modelo de Gilles Deleuze. El concepto de diagrama. Caracteres del diagrama.
II.2. El modelo de Anton Ehrenzweig. La habilitación del seno receptor o espacio matriz como contenido mínimo del arte.
II.3. Un modelo integrado. La correspondencia entre seno receptor y diagrama

III. CONSECUENCIAS PARA LA PEDAGOGÍA

III.1. El dibujo “incompetente”
III.2. La transformación del cuerpo.
III.3. Los niveles de la iniciación. Entre la figura y el fondo. La reversibilidad figura/fondo
III.3.1. El espacio matriz.