I.1. El desarrollo de la creatividad: proyectar e interpretar.

El aspecto más complejo de la formación del arquitecto es el desarrollo de su capacidad creativa; esta capacidad se desarrolla, sobre todo, proyectando e interpretando.

Elaborar obras propias e interpretar las obras de otros son dos actividades complementarias, esencialmente relacionadas. Por un lado, la naturaleza sociocultural de toda creación hace que no se pueda separar la producción propia de la producción de los otros; en consecuencia, cualquier obra debe entenderse como un diálogo con otras obras, respecto de las cuales se ubica en el panorama de la cultura. Por otro lado, la interpretación de obras de calidad contrastada, permite conocer diversos modos de hacer y enriquece los propios recursos productivos.

La dinámica del proyectar/interpretar, se centra en torno a la producción de configuraciones o figuras, por lo que dibujar es, en ambas actividades, una destreza fundamental.

I.2. Aprender a dibujar y a proyectar de manera simultánea

Nuestras asignaturas se centran, sobre todo, en el aprendizaje del dibujo orientado al proyectar; se trata de aprender a dibujar para poder proyectar. Sin embargo, aprender a dibujar no tiene el carácter de un conocimiento previo. No se trata de aprender a dibujar para, después, proyectar. Es necesario aprender a dibujar y a proyectar de manera simultánea; dibujar debe presentar las características del proyectar. Como nunca se acaba de aprender a dibujar o a proyectar de manera definitiva, la relación entre dibujar y proyectar se prolonga durante el aprendizaje del oficio de arquitecto.

Nuestras asignaturas se centran en las primeras etapas de ese aprendizaje, en la iniciación en el proyectar, dibujando, o en el dibujar, proyectando.

I.3. El acceso a la creación como secuencia de desplazamientos

Para acometer adecuadamente el aprendizaje del oficio de arquitecto, es necesaria una etapa de acceso o transición. Efectivamente, la naturaleza casi exclusivamente socializante de las enseñanzas primaria y secundaria, coloca en las puertas de la universidad a un estudiante con muy poca experiencia en actividades productivas de carácter creativo. El enfrentamiento con las actividades creativas entraña una gran dificultad y puede frustrar fácilmente a los aprendices si no se diseñan situaciones pedagógicas adecuadas que les facilite el trance.

El acceso a la creación implica una profunda transformación del aprendiz. Para acceder a la creación, el aprendiz debe trasladarse desde una situación inicial centrada en el reconocimiento y la convención, a la que le ha conducido la socialización, hasta otra de indeterminación y tanteo para desembocar,  finalmente,  en una situación propositiva. El aprendiz se traslada, desde un mundo estable, de convenciones aprendidas acríticamente, hasta una situación de incertidumbre, en la que se queda literalmente sin mundo. Aquí, las convenciones son disueltas por la acción crítica y productiva, para acabar proponiendo -si las cosas transcurren adecuadamente-, una transformación del mundo de partida, un nuevo mundo.

Esta dinámica de tránsitos entre mundo convencional, no-mundo y nuevo-mundo se repite una y otra vez a lo largo de la formación del aprendiz,  en niveles progresivos y con grados de conciencia crecientes, en correspondencia con la maduración personal. El aprendiz, ya iniciado, se instala irreversiblemente, en esta dinámica crítica y productiva. El mundo se ve ahora como cosa producida y, por tanto,  producible.

I.4. El acceso a la creación como iniciación. La iniciación como rito de paso.

Esta dinámica de desplazamiento entre mundos, se corresponde plenamente con lo que en el campo de la antropología se  denominan ritos de paso. Los ritos de paso se refieren a los cambios que experimenta un individuo al cambiar de estado, y se concretan en las tres situaciones de separación, transición y reincorporación. El sujeto es separado de su situación en el mundo cotidiano para ubicarse en una situación intermedia, de umbral o tránsito, que le conducirá a un nuevo estado en el mundo de partida.

Identificar la iniciación en la creación como un rito de paso es reconocer la importancia  de esta situación formativa, evitando que se disuelva como una actividad más dentro del currículo. Además, la consideración de esta pedagogía como un conjunto de rituales, esclarece y vigoriza la pedagogía, enriqueciéndola al asociarle las características del rito.

El ritual sirve para valorar ciertos aspectos formales externos de la pedagogía de la creación, patentizando ciertas características de las situaciones pedagógicas que, de otra manera,  podrían pasar inadvertidas o quedar desdibujadas. Pero sirve también para valorar los comportamientos internos que el marco ritual favorece, especialmente el gesto artístico.

Entendido de la manera más genérica posible, el rito es

el desenvolvimiento de cierta motricidad – cinestesis –  que se exterioriza a través de recursos particulares (que pueden hallarse a veces cabalmente institucionalizados), tendentes al logro de una función (y de un determinado objetivo, fin) que podrá tener carácter lúdico, artístico, tecnológico, etcEl rito se vale de un juego cinético cuya exteriorización es sinónimo de coparticipación y aceptación de una situación particular y privilegiada… Parece ser que la adquisición de ciertas destrezas -como la del jongleur (malabarista)- se halla influida por una forma de presentación ritual de la destreza. La artisticidad de los movimientos es inseparable de la relación afectiva que el sujeto  mantiene con los objetos con los que desarrolla su actividad. La ritualización del gesto lleva a la conquista de la movilidad consciente, una de las conquistas más importantes hacia las que el individuo puede dirigirse,  opuesta a la movilidad automática del comportamiento habitual. (G. Dorfles, 1965)

El ritual presenta  rasgos formales que se pueden reconocer también en la pedagogía de la creación en un contexto institucional.

Estos rasgos son: Repetición (de ocasión, contenido y forma). Dramatización (en el sentido teatral de representar un papel). Estilización (o carácter extraordinario de la conducta). Secuencia ordenada. Estilo presentacional, evocador (provocar un determinado estado mental). Dimensión colectiva.

A través del ritual, se desarrolla entre los aprendices una modalidad de relación social, la comunidad, opuesta al carácter jurídico-político  de la estructura social habitual. Esta estructura tiene un carácter pragmático, propio del mundo cotidiano, mientras que la comunidad es especulativa y generadora de imágenes e ideas.

Lo importancia del ritual radica en su carácter procesual y en el tiempo que habilita, distinto del ordinario; un tiempo en el que no rigen las reglas de lo cotidiano: tiempo de fiesta. En el tiempo de fiesta (profano) el grupo se manifiesta a través de la acción estética y emotiva.

I.5.Consecuencias para la pedagogía

  • Organización de la pedagogía en bloques diferenciados pero interconectados que recojan los tres estadios de la iniciación.
  • Importancia de los procesos productivos como ámbitos de registro  de los tránsitos que experimentan los aprendices.
  • Valoración de los diversos momentos del proceso y sus peculiaridades. Así, el conocimiento crítico de las convenciones, entendiendo su carácter provisional, su razón de ser y sus límites. La importancia del tanteo, en la fase liminar, como núcleo del proceso productivo; el entendimiento de los modos de hacer como roturas de convenciones. La valoración de las propuestas como gérmenes, esencialmente asociados a los procesos de las que surgen.
  • Modificación de la gestualidad para conquistar el gesto creativo.
  • Carácter lúdico-festivo de la pedagogía de la iniciación en la creación.