II.0. La necesidad de modelos.

Para planificar situaciones pedagógicas que resuelvan adecuadamente la iniciación en la creación, es necesario contar con ciertos modelos sobre el proceso creativo. Los modelos, sin embargo, no pueden tener el carácter de una teoría que se antepone a la práctica y la dirige; debe surgir de la práctica misma, lo suficientemente lejos de ella como para poder reflexionar sobre la creación de manera genérica y, sin embargo, lo bastante cerca como para activar dicha práctica.

Los modelos aprovechables son aquellos que recogiendo ciertas situaciones genéricas, comunes al proceso creativo, dejan, sin embargo, abierta la concreción de cada situación a cada obrar concreto.

Los modelos deben ajustarse, además, a la secuencia de situaciones que atraviesa el aprendiz en su iniciación.

II.1. El modelo de Gilles Deleuze. El concepto de diagrama. Caracteres del diagrama.

Deleuze reconoce tres momentos en el trabajo de un pintor: el momento pre-pictórico, el momento del diagrama y el hecho pictórico que sale del diagrama.

1. Momento pre-pictórico

Toda pintura implica una intención y toda intención apunta a un cliché. Se parte de los clichés, propios o culturales, qué están en la mente del pintor. Se está en el mundo de lo dado, de los datos.

El acto de pintar comienza con la lucha contra la forma intencional. Es necesario luchar contra el cliché promoviendo una catástrofe. Es el momento del caos-abismo.

2. Segundo momento o acto de pintar.

Es el paso del caos-abismo al caos-germen.

Es el momento del diagrama. Se diagramatiza el caos. Hay que borrar para que aparezca el diagrama. Vaciar ciertas zonas, vaciar todo, según cada autor y cada obra.

El diagrama es una posibilidad de hecho. Es el paso del dato al hecho.

El dato  es lo que hay, las ideas hechas. El hecho es el evento.

Se trata de comprender en tanto que pintar. Comprender una manzana quiere decir hacerla advenir como hecho.

El papel del diagrama es establecer un lugar de las fuerzas para que surja de ahí la forma como forma deformada, en relación con una fuerza.

El diagrama es una posibilidad de cuadros infinitos, una posibilidad infinita de cuadros. Es eso lo que hace el estilo de un pintor.

La noción diagrama unifica las ideas de caos-catástrofe y germen.

3. Tercer momento. El cuadro.

El hecho pictórico es la forma deformada. No se trata de reproducir lo visible, sino de hacer visible lo invisible, las fuerzas. La forma sometida a la acción de una fuerza.

Caracteres del diagrama

El elemento central del proceso que describe Deleuze es el diagrama.

El diagrama es un abismo ordenado. Instaura una relación necesaria entre caos y germen. Caos-germen quiere decir un caos presente sobre la tela del que debe salir algo.

El diagrama es esencialmente ma­nual. Sólo una mano desencadenada, liberada de su subordinación a la visualidad, puede trazarlo. Es como si se hicieran garabatos cerrando los ojos, como si la mano ya no se guiara por datos visuales. Por eso es un caos. La mano se impone al ojo, violentándolo.

El diagrama es un conjunto trazos/manchas, que no constituyen una forma visual. Un conjunto de trazos no-significantes y un color no-diferenciado. Genera una nueva relación entre el ojo y la mano, una nueva mirada.

La función del diagrama es deshacer las semejanzas. Deshacer la representación para hacer surgir la presencia. La representación es el antes de pintar; la presencia es lo que sale del diagrama. Deshacer la seme­janza para hacer surgir la imagen sin semejanza.

II.2. El modelo de Anton Ehrenzweig. La habilitación del seno receptor o espacio matriz como contenido mínimo del arte.

Según Ehrenzweig, el proceso creador se divide en tres estadios:

A. El primero, es un estadio esquizoide, de proyección de las partes fragmentadas del ego en la obra; los elementos no reconocidamente separados aparecerán entonces con facilidad como accidentales, fragmentarios, no queridos e importunamente tenaces.

B. El segundo estadio es de indiferenciación. Es una fase maníaca, de inmersión oceánica. En ella comienza la intuitiva captación inconsciente que integra la subestructura del arte. Se produce un espacio pictórico sin quiebras.

C. El tercer estadio, es de introyección, y se subdivide en dos momentos:

1. Comienza la emersión. Todavía en un estado de ensoñación, se capta la estructura de la obra y se establece un diálogo con ella. Es una fase de integración y la podemos considerar como un proceso interno.

2. La emersión es total. Se trata de un proceso externo. Se critica la configuración en estado de vigilia y el pensamiento racional hace patentes las incoherencias. Se trata de un estadio depresivo. Se manifiesta el conflicto entre la visión inconsciente y la consciente. Se percibe la existencia independiente de la obra de arte, que actúa como otra persona viva con la que conversáramos. Parte de la capacidad creadora consiste en aceptar el trabajo realizado.

Una vez reintroyectada la obra, aunque sea parcialmente, es posible recomenzar, practicar una nueva inmersión, reajustando todo el proceso.

La creatividad consiste en la capacidad de sumergirse y emerger, constantemente, pasando una y otra vez de la vigilia a niveles de captación profunda, donde la mente navega y ordena progresivamente contenidos fragmentarios, quedando un resto de material excesivamente desarticulado.

La habilitación del seno receptor o espacio matriz como contenido mínimo del arte.

Ehrenzweig resalta que en la segunda fase, la obra actúa como un seno receptor que contiene e integra los fragmentos en un conjunto coherente (la inconsciente subestructura o matriz de la obra de arte) gracias a la captación inconsciente de la obra por el artista.

La oceánica experiencia de fusión, de un retorno al seno materno, representa el contenido mínimo de cualquier arte. Según el ego se va sumergiendo en la indiferenciación oceánica, nos envuelve un nuevo ambiente mental. Entramos en el maníaco útero del renacer, en una existencia oceánica ajena al tiempo y al espacio. Sin la profunda coherencia que nos garantiza el envolvimiento oceánico, la fragmentación superficial se vuelve verdaderamente patológica.

El espíritu sano y capaz de crear, ha constituido en su inconsciente un seno que mantiene a salvo imágenes reprimidas e indiferenciadas, fusionándolas y configurándolas de nuevo para que vuelvan a entrar en la conciencia.

El vacío del inconsciente corresponde, con toda evidencia, a una realidad psíquica.

El artista sano se enfrenta abiertamente con su miedo a un vacío interior; acepta la pérdida temporánea del control de su ego, que, a menudo, es sentida como la destrucción del ego.

II.3. Un modelo integrado. La correspondencia entre seno receptor y diagrama

A pesar de las muy diferentes ubicaciones desde las que Deleuze y Ehrenzweig acometen la reflexión sobre la creación artística, ambos modelos son, desde nuestro punto de vista compatibles y complementarios. Mientras que Deleuze describe el proceso desde un punto de vista más externo, desde las acciones pictóricas, Ehrenzweig lo interpreta desde un punto de vista psicológico, más próximo, enfatizando las intensas emociones que acompañan al creador en su aventura. Este último modo de ver las cosas resulta muy adecuado para la pedagogía pues facilita el acercamiento empático del profesor a los aprendices.

La correspondencia entre seno receptor y diagrama

El aspecto común más importante, que hace a los dos modelos fuertemente compatibles, es la correspondencia entre el proceso primario, de inmersión oceánica, que Ehrenzweig cita como el segundo momento del proceso creativo y la elaboración del diagrama que Deleuze sitúa también al segundo momento de su proceso pictórico. Tanto el seno receptor -habilitado durante el proceso primario– como el diagrama poseen un fuerte carácter matricial y son el núcleo de la creación artística. La habilitación de esa matriz constituye el centro de la práctica artística.