III.1. El dibujo “incompetente”

Al acercarnos a las complejidades de la creación, se hace patente que se trata de un proceso inabarcable cuyo núcleo central – la matriz – resulta, por definición, inaccesible; sólo a posteriori, la obra lograda hace patente la matriz como aquello siempre implícito de lo que ha debido surgir. Entre las características del proceso creativo, prima, sobre todas, su carácter de aventura arriesgada, conformadora de quien la practica. Este carácter predomina, incluso, sobre la capacidad resolutiva del proceso, que sólo llega a buen fin de vez en cuando.

Resulta evidente que aprender a dibujar, no es sólo una manera de adquirir cierta capacidad instrumental aplicable al proyectar, sino una manera de activar los mecanismos de la creatividad y de madurar personalmente. Al practicar ciertas operaciones gráfico/cognoscitivas, asociadas a ciertos estados de atención y de conciencia, el aprendiz experimenta el acto creativo y esta experiencia le transforma, preparándole para la compleja tarea de proyectar de manera competente.

El dibujo de la iniciación no presenta las características de un dibujo virtuoso y aparente. Es un dibujo beligerante, que pretende desmontar convenciones y explorar nuevas maneras de ver y de configurar. Esta manera de dibujar requiere un tempo lento y una constante repetición de las tareas para que la transformación del aprendiz tenga lugar. Los dibujos de la iniciación no se ajustan a patrones previos, no son dibujos para mostrar. Lo importante no es tanto alcanzar resultados reconocibles como desmontar los tópicos de la representación convencional que planean constantemente sobre esta actividad. El dibujo de la iniciación en la creación resulta, en cierta medida, un dibujo impresentable y socialmente invisible. En este sentido, resulta muy difícil – si no impertinente – evaluar esta actividad desde el punto de vista del logro de ciertas competencias productivas.

Aceptar esta condición del dibujo de la iniciación en la creación, resulta muy difícil tanto para los propios aprendices como para los mismos profesores y para la institución educativa en general. No se soporta la irresolución y se buscan desesperadamente los resultados. Anton Ehrenzweig, al hablar sobre la creatividad docente, afirma:

En las exposiciones de final de curso, se cuelgan de las paredes llamativas obras en las que los estudiantes han servido a sus profesores de instrumentos ciegos. Estas exhibiciones no prueban nada en lo que atañe a la eficacia de la docencia. Los estudiantes no han asimilado, de hecho, su obra.

III.2. La transformación del cuerpo.

La iniciación en la creación constituye un conjunto de experiencias que implican directamente al cuerpo del aprendiz, transformándolo. El estado convencional que muestra el aprendiz es el resultado de un intenso proceso de socialización que le ha conducido a interiorizar como propios ciertos gestos, ciertas posturas, y ciertos movimientos socialmente privilegiados que, a su vez, privilegian ciertas maneras de atención, de percepción y en, última instancia, de conocimiento. La iniciación en la creación, alterara los patrones de conducta corporal, favorece la desprogramación del cuerpo socializado posibilitando nuevos gestos, nuevas posturas, nuevos movimientos y nuevas maneras de atender, de percibir y de conocer. Favorecer los movimientos corporales inusuales – y los modos de pensar a ellos asociados – es una manera necesaria de activar los comportamientos creativos.

Los movimientos corporales habituales también pueden disolverse alterando las condiciones que caracterizan un ambiente como normal o cotidiano. La alteración de las condiciones acústicas del ambiente en el que se dibuja – dibujando inmersos en un ambiente musical que se utiliza como desencadenante gráfico, por ejemplo – o la alteración de las condiciones lumínicas – dibujando en penumbra o en oscuridad – pueden ser un medio efectivo para alterar la atención, la percepción y el conocimiento del ambiente que se dibuja, dificultando la tendencia a extraer figuras habituales del ambiente mediante el silueteado de lo que se reconoce y facilitando la extracción de nuevas figuras.

III.3. Los niveles de la iniciación. Entre la figura y el fondo. La reversibilidad figura/fondo

Tanteando configuraciones,  el dibujante/proyectista es capaz de ubicarse en una situación intermedia entre la figura y el fondo, entre mundo y no-mundo. Bien sea enfrentándose al ambiente, bien sea elaborando configuraciones sin referentes objetivos, el dibujante es capaz de entender las figuras como emergiendo de un fondo generador y de entender el fondo como habilitado por las figuras que hace y deshace en el proceso de tanteo. Dibujar, desdibujar y redibujar para volver a desdibujar y volver a redibujar es la dinámica implicada.

Haciendo y deshaciendo se determina el lugar de la obra, el dibujar se experimenta como la habilitación de una situación matricial, de un lugar del que emergerá la configuración definitiva.

III.3.1.El espacio matriz.

En una situación más avanzada, el dibujo se vive como una situación entre figura y fondo que suma la cualidad de la transparencia, donde se advierte la totalidad del proceso. La superposición en transparencia de las huellas gráficas se percibe de manera sincrónica. El dibujo posee el carácter de una Khora o matriz susceptible de engendrar figuras. En cualquier caso, la percepción del proceso como matriz acontece cuando las figuras son explicitadas, no antes. Es a posteriori cuando el proceso se percibe como generador de soluciones. La matriz, por definición, es lo que nunca puede ser explicitado y su presencia siempre se experimenta de manera indirecta.

Al alcanzar esta situación, la iniciación en la creación, ha tenido lugar. Lo que matiza este estadio hacia el proyecto de arquitectura es la posibilidad de que las figuras elaboradas sean susceptibles de ser habitadas – primero imaginariamente y después, también, corpóreamente – así como la posibilidad de que dichas figuras se conviertan en artefactos edificables con utilidad concreta en el mundo empírico. Pero aparte de esa especificidad, el proceso descrito reúne las características propias de un genérico proyectar.

La iniciación en el proyecto de arquitectura consiste en desarrollar las habilidades alcanzadas en la iniciación gráfica, conservando el núcleo esencial de las operaciones gráfico/imaginarias, planteando nuevas cuestiones y haciendo hincapié en asuntos que en el caso de la iniciación gráfica sólo están latentes.