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Hoy hemos podido constatar la urgencia que tenéis, jóvenes aprendices, por cerrar los dibujos. Es muy difícil – nos damos cuenta – manejarse en la incertidumbre del magma creador y la mayoría tenéis la urgencia de iniciar operaciones de cierre como delimitar rápidamente ojos, nariz y boca sin esperar a que el fantasma aflore… Paciencia.

Existen dos maneras básicas de producir figuras. Una se basa en la aplicación de patrones conocidos y otra en el tanteo. Esas dos maneras las practica ya el niño. Al principio, cuando dibujar consiste, sobre todo, en explorar la motricidad del propio cuerpo, el niño garabatea, realiza madejas de línea sin referentes concretos: es el placer de dibujar por dibujar, de dejar una huella. Cuando el niño crece y tiene acceso al lenguaje, nombra sus garabatos una vez realizados, buscándoles referentes en las cosas del mundo. Más tarde el niño nombra lo que va a dibujar antes de hacerlo y dibuja en gran medida para contar historias. Al tener el dibujo un carácter narrativo, resulta necesario disponer de un repertorio de figuras con las que montar las historias. Esas figuras el niño las va desarrollando  por tanteos, mejorando las anteriores, pero sobre sí mismas, ajustándolas poco a poco y afianzando su carácter icónico. El niño abandona así definitivamente el garabato -y el placer a él asociado- y se encamina hacia un dibujo de representación que le acaba produciendo más frustración que placer y que enseguida abandona.

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Ahora, al iniciarse en la creación gráfica resulta conveniente volver sobre la infancia para rescatar algunas de sus prácticas. Ese es el motivo por el que retomamos el dibujo icónico del niño pero de una manera más creativa, a través del Art brut de Jean Dubuffet, Basquiat  y otros. Pero también volvemos más atrás, para rescatar el valor del neo-garabato –de la madeja de líneas- de la mano del mismo Dubuffet, pero también de Miguel Angel, Leonardo, de Kooning, etc. Al final, ambos procedimientos deben integrarse, ya que la creación de nuevas figuras, de nuevos iconos,  pasa por desmontar ciertas figuras dadas y por la crear “fondos generativos” de los que surgirá la nueva figuración. Debajo. Izquierda: dibujo abstracto, de motricidad pura. Centro: dibujo de tanteo con intención icónica, se trata de una cara. Derecha: surgimiento de la imagen icónica. Debajo. Izquierda: figuras icónicas. Derecha: aplicación de iconos para plantear historias.